Desde mi celda doméstica
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miércoles, 17 de junio de 2015

LÁMINA Y MENSAJE (24)



Caín errante


Es bueno coger el capítulo 4 del Génesis y leerlo detenidamente. Caín y Abel somos todos, según la elección que hagamos en cada momento. Pero Abel no necesita castigos. Dios se dirige al primer homicida de la historia preguntándole por su hermano muerto. Su sangre clama desde el suelo. No merece vivir en el suelo que ha abierto su boca para recibir la sangre derramada. Vagabundo y errante será en la tierra, porque es demasiado grande la culpa para soportarla quieto.
Y, aún así, la vida del maldito Caín está bajo la protección divina. Quien quiera que matare a Caín lo pagará siete veces. Él lleva también la señal de Dios sobre su frente. Nadie tiene derecho sobre la vida de nadie. Ni siquiera uno mismo. La vida es patrimonio divino. Pero cuesta entenderlo, ¿verdad?


Alfonso Gil González
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