Desde mi celda doméstica
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martes, 9 de junio de 2015

VIA CRUCIS (Undécima Estación)



UNDÉCIMA ESTACIÓN



Tus manos y tus pies han enclavado 
con fiereza salvaje, sin cordura, 
y lleno el corazón de amargura,
una espada a tu Madre ha lacerado.

De espinas crueles coronado 
queda, Señor, tu rostro de hermosura, 
no dejando en el mundo un alma pura 
que no llore, por ello, su pecado.

No es otro el sayón crucificante, 
ni es otro el verdugo que corona 
el bello rostro de mi Dios amante.

Pues sé cierto que todo lo perdona, 
lo hará también conmigo suplicante. 
Ese, el amor que mi fe pregona.



Alfonso Gil González

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